Cuándo “Sí” y cuándo “No” dejar tu trabajo fijo para emprender

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Esta es una muy buena pregunta que puede quitar el sueño a una persona con inquietudes y voluntad emprendedoras: ¿Cuál es el mejor momento y la mejor situación para emprender un negocio?

Muchas buenas ideas sobre proyectos de negocios han naufragado porque las personas se apresuraron o demoraron demasiado en el lanzamiento. También influyen las otras circunstancias personales, como el temor a abandonar el empleo y la duda sobre brindar dedicación full time al emprendimiento o sólo dedicación de tiempo parcial para conservar otra fuente laboral.

El interrogante planteado es muy pertinente y queda claro que la decisión y acción de emprender un negocio tienen su propio momento exacto y sus propias circunstancias de contexto y hay que adoptar las definiciones antes de empezar.

Como una contribución para emprendedores debutantes, se puede responder a la pregunta del título mencionando un par de casos en los que NO debería dejarse un trabajo fijo para emprender un negocio y otro par en los que SÍ corresponde hacerlo sin demora.

NO dejar un empleo:

1) Cuando la persona atraviesa una crisis y está fastidioso con su rutina de trabajo, necesita dinero y siente que su empleo no le retribuye. Influenciado por su estado de ánimo, tenderá a sobredimensionar sus fortalezas y subvalorar sus debilidades. Pero por sobre todo, el error es mantener una expectativa de extraer recursos de un proyecto que recién se inicia. En ese momento inicial, todo emprendimiento consume recursos como dinero, tiempo, energía, antes que generarlos.

2) Cuando no se ha estudiado bien el mercado. Un buen estudio implica estimar correctamente la demanda del producto o servicio que se va a ofrecer, la porción de mercado que dominan los competidores, la planificación logística para su distribución. Algunos emprendedores intuyen que su producto o servicio será altamente demandado pero no tienen datos reales para confirmarlo o desmentirlo, tales como estadísticas, encuestas, proyecciones, análisis de tendencias. Este error les puede costar el fracaso.

3) Cuando no se dispone de un plan comercial ni una fuerza de venta. Emprender un negocio no es sentarse a esperar que los clientes vengan y vacíen los escaparates. Hay que planificar promociones, publicidad, ocupar determinadas zonas geográficas, tener equipos de vendedores y capacitarlos, tener planes para capturar y fidelizar clientes. En todo esto debe pensarse y actuar antes de comenzar.

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SÍ dejar el empleo:

1) Cuando la persona dispone de ahorros suficientes que le permiten soportar unos cuantos meses sin ingresos mientras su emprendimiento se consolida. Antes bien, le posibilitan soportar la inversión inicial en capital de trabajo.

2) Cuando el producto o servicio a ofrecer tiene demanda comprobada y hay poca o mala competencia. También si se ha logrado conformar un buen equipo de producción y comercialización, con gente experimentada en el rubro que garanticen posibilidades de éxito.

3) Cuando se dispone de un Plan B. Vale decir, cuando se han tomado recaudos ante la posibilidad no deseada de un fracaso. Por ejemplo, no haber renunciado al empleo sino tomar una licencia sin goce de sueldo, tener un plan para reconvertir el emprendimiento rápidamente, vender el fondo de comercio o volver a emplearse en otra actividad.

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